“La gente no quiere caridad. Quiere una oportunidad”
(James D. Wolfensohn, Presidente, Banco Mundial)
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a masificación de las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC´s), han rediseñado la forma en que percibimos nuestra realidad. Las derivaciones de esto, producen el surgimiento de nuevas corrientes de pensamiento, nuevas industrias, la creación de subculturas que guardan un elemento en común, por un lado, la inclusión y necesidad de la utilización de las TIC´s, mientras que por otro la situación genera la formación de nuevos términos y conceptos que denoten aspectos que no existían y que nacen de una situación particular. Además, en la mayoría de las ocasiones, son términos que son utilizados de manera muy cotidiana sin importar que quienes lo utilicen desconozcan a cabalidad su significado real.
Un ejemplo palpable del anterior enunciado es el término “Brecha Digital”, concepto utilizado con el objetivo de denotar la diferencia de accesibilidad con respecto a las TIC´s, y sus implicaciones directas; nivel de accesibilidad de las mismas, conocimiento de las distintas tecnologías de información y comunicación y de cómo emplearlas de manera crítica y funcional . Es evidente que un concepto que denote una diferencia social, se convierte necesariamente en un desafío para las sociedades, surge de una carencia y de la evidencia de una desigualdad de oportunidades, que además se traducen en un lento desarrollo, ante un mundo globalizado y dependiente de la tecnología.
En Costa Rica y el mundo la Brecha Digital es un reto y determina diferentes dimensiones de la sociedad por ejemplo: desarrollo social, economía, política, cultura, identidad, etc. Y resulta de vital importancia reconocer sus implicaciones, surgimiento y la percepción global que se debe tener respecto a esta situación, se debe dar un enfoque crítico y de carácter social-humanista.